Yapeyú, Corrientes: Acto conmemorativo 243° aniversario del nacimiento del General José de San Martín.

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Yapeyú, Corrientes: Acto conmemorativo 243° aniversario del nacimiento del General José de San Martín.

Por Mario Passarini.

“Es el coraje lo que hace posible los grandes cambios y transformaciones”, dijo el Presidente al recordar a San Martín en Corrientes

Mario Passarini.
Alberto Fernández: “Nos quieren enredar en discusiones y debates que no son importantes, frente al esfuerzo del Gobierno Nacional para” conseguir en el mundo” las vacunas contra el coronavirus, necesarias para darle tranquilidad y salud a los argentinos y argentinas.
Nadie vino a decirme que hizo una gestión en China, EEUU o Inglaterra, para conseguir una vacuna. Nadie vino a ofrecerme eso. Lo debimos hacer solos, en compañía de los Gobernadores”.
Se refirió a los tiempos difíciles que nos tocan pasar, porque la vida es dinámica y a veces nos enfrenta y a veces nos enfrenta a hechos inesperados como es tener que resolver frente a una pandemia, y la actividad del Estado para conseguir las vacunas, en “Un mundo muy raro, muy egoísta, donde el 10% de los países concentran el 90% de las vacunas existentes”. Pero no bajamos los brazos, seguimos buscándolas. Están llegando hoy en el día del General San Martin y en día que nació Néstor Kirchner. Feliz cumpleaños, Néstor, donde estés”.
Alberto Fernández en Yapeyú. Foto Presidencia.
Cuestiono a quienes decían que “traía una vacuna que era veneno” “Ahora parece que todos quieren envenenarse. Yo no sé qué les ha pasado. Cuando quieren hacerme claudicar, yo pienso en San Martín. Yo no voy a ser nunca como el pero quiero que algo de él me inspire”.
Sostuvo que en la historia reciente de México y Argentina hubo “gobernantes que preferían borrar la historia y recordó la frase del ex presidente Macri ante el rey emérito de España en el Acto por el Bicentenario de la Declaración de Nuestra Independencia “los patriotas debían haber sentido una gran angustia por tenerse que separar de España».
«Los próceres Argentinos no solo no tuvieron angustia, si no por el contrario, coraje que pocos tienen que es el que hace posible los grandes cambios y las transformaciones”.
Martín Miguel de Güemes,
“Yo no me los imagino a San Martín, a Manuel Belgrano angustiados Tampoco al Chacho Peñaloza, Facundo Quiroga o Martín Miguel de Güemes, Juana Azurduy, Macacha Güemes”.
La pandemia nos demostró el nivel de desigualdad que tiene la Argentina y apuntó directamente “a la conectividad de internet”, al señalar que se ha desarrollado donde es negocio, dejando a millones de pequeños argentinos sin aprender”. “No voy a dejar que los pibes no tengan educación…. Los mejores negocios de unos pocos son el dolor de millones de Argentinos”.
Parafraseando un intercambio entre San Martín y Estanislao López, dijo “Unidos somos Invencibles y esa unidad supone darnos cuenta de las asimetrías y de la injusticia en que vive la Argentina” a la que definió “como un país donde el centro concentra la riqueza y distribuye pobreza al Norte y Sur”.
“Si dejamos que eso ocurra el norte va a seguir sumido en la postergación en que esta”.
Destaco el trabajo codo a codo con los mandatarios provinciales para darle “salud a los compatriotas” Criticó a quienes “generan debates que nos obligan a desatender la importante en los diarios T.V. y las redes sociales”.

«Usted sabe que yo no pertenezco a ningún partido, me equivoco, yo soy del Partido Americano».

Los Historiadores recuerdan lo que otros quieren olvidar. Eric Hobsbawn.

José Francisco de San Martín fue el cuarto hijo del matrimonio integrado por el capitán Don Juan de San Martín y su esposa Gregoria Matorras del Ser, nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú (fruto maduro en guaraní) en lo que entonces era un punto periférico del recientemente creado Virreinato del Río de la Plata.
La vida de José comenzó en una de las más grandes estancias jesuíticas y abarcando las dos orillas del río. Allí fueron «reducidas» comunidades originarias de guaraníes, charrúas y caingeng, que debieron enfrentar las incursiones de los salvajes bandeirantes, cazadores de esclavos para las fazendas de los ricos propietarios del sur de Brasil.
En 1781, la familia San Martín se trasladó a Buenos Aires. Todos emprendieron viaje a España a fines de 1783, arribando al puerto de Cádiz en marzo de 1784.
En 1789, después de cursar los estudios básicos en Málaga, donde se había establecido su familia, se incorporó al Regimiento de Murcia, del arma de infantería.
Mientras formó parte del Ejército Real con guarnición en España, combatió inicialmente en África contra los Moros (árabes islámicos que habitaban en el norte de ese continente), y después lo hizo en Europa en guerras sostenidas con Francia, Inglaterra y Portugal. Esto determinó su participación en treinta y una acciones bélicas, siendo una de ellas el Combate de Arjonilla.
Por su actuación en la Batalla de Bailén, donde resultaron batidas las legiones invasoras del emperador Napoleón, fue ascendido al grado de teniente coronel y condecorado con medalla de oro, pasando a ser oficial de caballería.
Es por entonces que san Martín se vinculó a otros jóvenes americanos, residentes en la península, que forjaban planes de independencia política para las respectivas regiones de su nacimiento.
En 1811 pidió y obtuvo su retiro del ejército real, dejó España por el camino de Portugal y se trasladó a Londres, donde esperaba concretar su propósito de pasar a América.
Él evocaría en varios escritos esta etapa de su vida. Así, en 1848 escribió: «Yo serví en el Ejército Español en la península desde muy joven hasta los 34 años, llegando al grado de teniente coronel de caballería. Una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires (…) resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle servicios en la lucha, pues calculábamos se habría de empeñar».
San Martín y otros rioplatenses desembarcaron el 9 de marzo de 1812 en Buenos Aires. Contribuir a la independencia de los pueblos americanos era la alta misión que lo había impulsado a retornar a la tierra de su nacimiento.
El gobierno triunviro le confió la organización de un escuadrón de caballería, que en pocos meses se constituiría en la base del Regimiento de Granaderos a Caballo.
Mientras instruía a oficiales, cadetes, cabos y soldados en el arte militar, en el manejo de las armas y en la disciplina castrense, contrajo matrimonio con María de los Remedios de Escalada. El 7 de diciembre de 1812 fue designado coronel del nuevo Regimiento, que el 3 de febrero de 1813, obtuvo su primera victoria en tierra americana al derrotar ven San Lorenzo a 250 infantes desembarcados de una expedición fluvial promovida por el gobierno de Montevideo, ciudad aún dominada por los partidarios del Rey de España.

El Cruce de los Andes. Imagen: Bariloche Semanal.

En 1814 se hizo cargo del Ejército del Norte, tras disponerse el relevo del General Belgrano. Mientras se hallaba en el Norte, San Martín llegó al convencimiento de que por ese solo camino no se lograría derrotar a las fuerzas del Virrey del Perú que ocupaban el Alto Perú.
En su concepto era necesario abrir un segundo frente por el Océano Pacífico y avanzar sobre Lima, para que las tropas virreinales se retirasen a fin de ir en defensa del territorio peruano amenazado.
El 10 de julio de 1821 el Ejército Libertador entró en Lima. Como muestra de gratitud, el pueblo limeño le entregó a San Martín el estandarte del sanguinario conquistador del Perú, el secuestrador extorsivo y asesino de Atahualpa, Francisco Pizarro, símbolo de la dominación colonial de esos tres siglos.
El 28 de julio de 1821, San Martín proclamó la Independencia Peruana en la Plaza Mayor de Lima. Imagen abc.
El 28 de julio de 1821, el general proclamó la Independencia Peruana en la Plaza Mayor de Lima. Se formó un gobierno independiente que le otorgó el título de Protector de la Libertad del Perú, con plena autoridad civil y militar. Al principio, el Libertador no estaba dispuesto a aceptar el mandamiento, pero su secretario Monteagudo y el clamor popular lo convencieron de que, ante el poder realista, que aún no había sido derrotado, era imprescindible su presencia para completar la tarea de la emancipación.
Entre sus realizaciones pueden señalarse: creó la bandera y el himno del Perú, fundó la Escuela Normal y la Biblioteca Nacional, a la que dotó de libros, decretó la libertad de los hijos de los esclavos nacidos después de la declaración de la Independencia, extinguió los tributos que pagaban los indígenas, abolió la Inquisición, fomentó la educación en todos sus niveles, abolición de los castigos corporales, retiro de los edificios y plazas públicas de todo tipo de estatua, escudos o cualquier elemento que homenajee o reivindique la conquista española, el gobierno virreinal y a los reyes de España, protección de los monumentos arqueológicos y medidas proteccionistas en beneficio de las manufacturas locales.
Mientras continuaba las acciones militares contra las fuerzas realistas (que seguían controlando parte del territorio) formó la primera escuadra peruana y el ejército nacional.
Corría 1821 y las preocupaciones del Protector se centraban en la complicada situación política y militar del Perú. Debía soportar campañas difamatorias que, conjuntamente lanzaban los realistas desde el interior del Perú, Alvear y los antiguos carreristas desde Montevideo y Chile y los rivadavianos desde Buenos Aires.
Sabía que era imprescindible atacar desde el Alto Perú, aquella zona en la que habían demostrado su heroísmo los Infernales de Güemes (el padre de los pobres) y las guerrillas de Manuel Padilla y Juana Azurduy.
En medio de esas dificultades, sin contar con la ayuda del Río de la Plata ni de Chile, el único camino abierto que le quedaba a san Martín para completar la independencia, era unir fuerzas con el otro Libertador, Simón Bolívar. Es así como el 26 de julio de 1812 desembarca en Guayaquil. Fue recibido con los honores correspondientes a su rango político militar. Después de las formalidades, los dos generales, San Martín y Bolívar, quedaron a solas y cerraron las puertas. Comenzaba a definirse el futuro de Sudamérica.
Bolívar y San Martín. Imagen: El Universal.
Mucho se ha escrito sobre lo tratado y envolver en el «misterio» lo ocurrido allí, fue un objetivo trazado por la historia liberal tradicional para evadir las responsabilidades de sus compañeros de ideas como Rivadavia, que se negaron a brindarle a San Martín el apoyo político y económico para terminar su campaña libertadora.
San Martín tomó la drástica decisión de dejar todos sus cargos, recomendar a los peruanos que solicitasen la ayuda de Bolívar y se pusiesen bajo su mando. Concurrió al Congreso nacional y ante él renunció a sus poderes (septiembre 1822).
Pronunció un discurso pleno de altos principios: «Desde este momento queda instalado el congreso soberano y el pueblo reasume el poder supremo en todas sus partes».

Embarcó con destino al puerto de Valparaíso y permaneció un corto periodo en las cercanías de Santiago; cruzó la Cordillera y llegó a Mendoza en febrero de1823. Allí recibió la noticia de la muerte de su esposa. En diciembre llegó a Buenos Aires donde se reunió con su hija Mercedes (nacida el 24 de agosto de 1816) y resolvió trasladarse a Europa en febrero de 1824.
En 1828, mientras su hija cursaba estudios en Bruselas, decidió retornar a Buenos Aires para atender asuntos personales. Pensaba hallar a sus compatriotas en paz, pero se encontró con luchas internas. El 1° de diciembre de ese año, el General Lavalle, su antiguo subordinado, había fusilado al gobernador legítimo de Buenos Aires, Coronel Manuel Dorrego. Estos hechos determinaron que San Martín decidiera no desembarcar, permaneciendo a bordo del buque que lo había traído, haciéndolo en Montevideo.
Consecuente con su principio de no desenvainar su sable en contiendas facciosas, el 17 de abril regresó a Bruselas para después radicarse en Francia.

Combate de la Vuelta de Obligado. Imagen: Ejército Argentino.
Este ostracismo no le impidió seguir atentamente lo que sucedía en su tierra nativa. Por ello, no vaciló en tomar partido cuando los franceses establecieron el bloqueo del puerto de Buenos Aires, ofreciendo sus servicios al gobernador de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, Brigadier General Juan Manuel de Rosas.
En 1848 una nueva amenaza se cernió sobre América con la intervención armada hecha en forma combinada por Inglaterra y Francia. Sabedor del Combate de la Vuelta de Obligado, escribió a Rosas: «Los interventores habrán visto lo que son los argentinos. A tal proceder no nos queda otro partido que cumplir con el deber de hombres libres, sea cual sea la suerte que nos prepare destino».
San Martí podía hablar con libertad y firmeza porque en su pensamiento y su acción estaban irrevocablemente unidos a quienes ponían vida, haberes y fama al servicio de la libertad de las nuevas naciones.

En Boulogne Sur Mer el 17 de agosto de 1850, falleció Don José de San Martín, Brigadier general de la Confederación Argentina, Capitán general de la República de Chile y Generalísimo de la del Perú.
Bien puede decirse de él que sólo ambicionó la libertad de América. Por alcanzarla sacrificó todo cuanto tenía en aras de ese principio. Fue en vida glorificado y atacado, pero ni una ni otra influyeron en la línea que había tomado y que siguió en forma inmutable, desconcertando con su templanza a sus enemigos.
Renunció a la gloria y envainó su corvo, que nunca fue usado para avasallar naciones ni para dirimir disputas internas.
En su testamento había prohibido que se le hiciera tipo alguno de funeral u homenaje, aunque sí pedía que su corazón descansara en Buenos Aires,
Los restos llegaron a Buenos Aires el 28 de mayo de 1880, (30 años después de su muerte). El gobierno decretó feriado nacional y organizó unas imponentes exequias políticas comandadas por el presidente Avellaneda y el expresidente Sarmiento. Fueron depositados en el mausoleo de la entrada de la Catedral de Buenos Aires.
Los unitarios y sus herederos en la historiografía y la política argentinas nunca le perdonaron que hubiese defendido los intereses nacionales por sobre banderías, que hubiese rechazado combatir a los federales y que, «para colmo», le hubiera legado su sable a Rosas.
Se trató de construir «una figura señera», quitándole todo lo que tuviera de polémico, «de incorrecto», para los detentadores del poder. Así se lo0 proclamó «el Gran Capitán de los Andes», como el hábil estratega que sin dudas era.
Se lo tituló «Padre de la Patria», pero se buscó negar lo que San Martín había sido en vida: un político decidido por una causa que le hacía decir: «En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a luchar por la libertad de los pueblos».

1) Quien escribe esta síntesis de una figura central de la historia argentina y americana, no es historiados, pero recurre a ella cuando el neoliberalismo pretende arrebatarnos nuestra identidad, nos quieran quitar la memoria y sólo pensar en lo que ellos quieren.

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