El problema de la “Globalización”

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El Papa Francisco en la ONU. Foto: eltiempo.com

La revista Pensamiento Social del Instituto de Estudios Social Cristianos, asociación civil del Perú dedicada a la difusión y formación en la doctrina social de la iglesia y el socialcristianismo, publicó un artículo de Jorge Benedetti de la asociación Generación Francisco y columnista de Claves de la Provincia, que reproducimos en su totalidad.

Portada de la revista Pensamiento social n° 8

El problema de la “Globalización”

Por Jorge Benedetti
Sociólogo y miembro de la Red Latinoamericana
de Institutos de Doctrina Social de la Iglesia.

“Estoy convencido de que el mundo se ve más claro desde las periferias” (Papa Francisco, Mensaje a los Movimientos Populares el 16 de noviembre de 2021)

Jorge Benedetti
Corría el mes de noviembre de 1975, cuando en las afueras de Paris, más precisamente en la localidad de Rambouillet, se efectuaba la 1ª reunión del denominado G-6 (EE.UU., Inglaterra, Francia, Alemania Occidental, Italia y Japón). En este encuentro se decide encarar una serie de acciones tendientes a:
– Fomentar el crecimiento de la interdependencia del comercio mundial.
– Incorporar a esta estrategia a las naciones en desarrollo.
– Generar políticas de “estabilidad monetaria” y de control de la inflación a nivel mundial, por parte de los organismos multilaterales de crédito.
– Impulsar la libertad de movimiento de los capitales especulativos, promoviendo el endeudamiento de los países en desarrollo, aprovechando el exceso de fondos generados por los “petrodólares”.
– Terminar con los procesos industriales autónomos en el Tercer Mundo, siendo el papel asignado para mayoría de los mismos, el de ser proveedores de materia prima sin ningún tipo de transformación de las mismas,
Privilegiar el crecimiento y expansión de los grandes grupos económicos.
Es decir, se daba nacimiento a lo que hoy conocemos como “la globalización.”
Reunión del G6 en 1975: Aldo Moro, (Italia), Harold Brown,GB, Gerald Ford, RRUU, Valéry Giscard d´Éstaing, Francia, Helmut Schmidt. Alemania y Takeo Miki, Japón.
Foto: nikkey asia.

Podrá afirmarse que ya un par de décadas más tarde, los “impulsores” de este proceso comenzaban a darse cuenta de que habían creado un monstruo, el que hoy les hace sufrir a sus inspiradores casi los mismos efectos de este “fenómeno” que, al resto del mundo, el que ya les es imposible de controlar y del que se han arrepentido, pero el daño había sido hecho.
La aplicación de estas políticas era un compromiso asumido y había carta blanca para ejecutarlo de inmediato.
No por ser autorreferencial, pero – como ejemplo – destaquemos que en América Latina había comenzado un proceso de instauración de dictaduras militares, quedando como alternativa a esas políticas – entre muy pocas – el gobierno constitucional argentino, que alentaba no solo la sustitución de importaciones, sino que desarrollaba industria pesada, con la construcción de locomotoras, barcos, aviones, submarinos, dando impulso a sus acerías y fábricas militares o sociedades mixtas y privadas y que había manifestado su firme decisión de volver al total desendeudamiento externo alcanzado dos décadas antes, quedando en esa fecha solo algo más 5.000 millones de dólares, que las autoridades habían manifestado la decisión de cancelar durante el primer semestre de 1976. La pobreza rondaba el 2 %, con plena ocupación y con la presencia de un fuerte movimiento sindical políticamente no marxista, unido y organizado.
Todos saben lo que sucedió en Argentina, 30.000 muertos desaparecidos, destrucción de la industria nacional y fuerte endeudamiento, con la ruptura de las instituciones de la comunidad. La globalización había venido para quedarse y en pocos años más, durante el siglo pasado, se liquidaban las industrias básicas controladas por el Estado, se generaba un descomunal endeudamiento, se desindustrializaba el país, en definitiva, se desorganizaba brutalmente la comunidad, rasgando profundamente el tejido social.
Todo este proceso de dimensiones planetarias fue acompañado de un correlato a nivel del pensamiento, el que logra imponerse en 1989.

Un golpe de estado planetario

Mientras aún no había dejado de sobrevolar el polvo levantado por la caída del Muro de Berlín, los grupos dominantes del planeta, “engordados” por una gran cantidad de cuadros integrantes de la derrotada “inteligencia” del mundo soviético (a sueldo o vocacional), producían un golpe de estado planetario, para imponer un “pensamiento único”, “el fin de las ideologías” y “el mundo unipolar”, gobernado por los grandes conglomerados económico financieros mundiales.
Este pensamiento (en realidad diríamos no-pensamiento) se presentaba con un discurso neutro, que puede ser expresado desde “la derecha” como desde “la izquierda” sin diferencias, es a-valorativo y pretende eliminar las tradiciones, costumbres, historias, culturas y valores de todos los pueblos de la tierra.
Simplemente nivela para abajo y el único criterio es servir a las necesidades de los grupos concentrados, a fin de profundizar – a la máxima potencia – la monopolización de las riquezas y la liquidación de las identidades de los pueblos.

Parque del Encuentro en Santiago del Estero.
El parque educativo-religioso comprende cinco construcciones a escala reducida inspiradas en edificios icónicos para el judaísmo, el islam, el protestantismo, el budismo y el catolicismo. Estuvieron para bendecir el Parque el obispo de Santiago del Estero, Vicente Bokalic; Omar Ahmed Abboud del Centro Islámico; por las iglesias Evangélicas, el pastor Jorge Gómez; Alberto Zimerman de la DAIA, y la Lama Rinchen Kandro del Budismo argentino. Fuente e imagen: Telam.
Por supuesto que los idearios culturales fuertes se convirtieron en enemigos de los poderosos y los pensamientos religiosos no escapan a esa condición, en particular las religiones con algún grado de “militancia” o acción misionera.
La religión musulmana, en su versión chiita en particular y la cristiana, en su versión católica, aparecieron como los puntos de resistencia más enemigos de este pensamiento único a-valorativo.
Para la religión musulmana chiita se encontró una solución, la invención o incentivación de grupos ultra irracionales e híper violentos (que no casualmente asesinan musulmanes y cristianos), como un buen mecanismo para desprestigiarla y combatirla.
En el caso de los católicos, la denuncia de acciones financieras irregulares y de lamentables actos de pedofilia, que habían sido escondidos por la prensa mundial como protección del combate del papa Juan Pablo II contra el comunismo (un aliado circunstancial), estallan, se multiplican y magnifican en forma considerable.
El resultado de esta nueva “modernidad” fue calificar a todas las tradiciones, costumbres y culturas de los pueblos como pensamientos antiguos y “de segunda categoría” y a los valores religiosos y sociales como arcaicos y retrógradas.
En el tiempo de la denominada “post-verdad” se concluye con un proceso “de-construccionista” de todo marco valorativo, generando una descomunal anomia a nivel planetario. Al respecto manifiesta Francisco “la trama de la post-verdad que busca anular cualquier búsqueda humanista alternativa a la globalización capitalista, es parte de la cultura del descarte y es parte del paradigma tecnocrático”. (1)
Así mismo – y como manifestamos – se nivela para abajo, en la intención de convertir al planeta en una esfera perfecta, eliminando cualquier faceta en el marco de un pensamiento único, que intenta promover y vender una no-ideología y la producción de bienes y servicios (necesarios y fundamentalmente innecesarios) por parte de los grupos multinacionales a nivel planetario concretando un mercado único. El intento, en muchos aspectos logrado, es borrar las historias, las tradiciones, los lenguajes, las conductas políticas, las costumbres y la religiosidad de todos los pueblos del planeta.
Pero – lógicamente – esto trae un correlato social y económico. El proceso de concentración fue acompañado de un avance tecnocrático que cambia la idea poblacional del planeta.
Durante muchos siglos los poderosos necesitaron hombres para la guerra y la producción, inclusive para la construcción de edificios monumentales que fueran expresión de su poder.
Con el avance de la tecnológica, la guerra – Irak fue la demostración de ello – pasó a realizarse con misiles guiados por computadoras, ya no hacían falta cientos de soldados para la destrucción del enemigo, mientras que en la producción el avance de la robótica, hizo que se prescindiera de una gran cantidad de trabajadores. Ya no era necesario, para decirlo en una terminología del siglo XIX, la explotación del proletariado, sino que lo que hacía falta era el descarte de los sobrantes, la escasez de puestos de trabajo cumplía otro objetivo: bajar los denominados “costos laborales”, de esta manera se perdía la dignidad de las personas y al mismo tiempo era más fácil imponer las denominadas medidas de austeridad.
Hasta el paradigma de mujer había cambiado. De la mujer de grandes pechos y amplias caderas capaces de amantar y sostener dos críos a la vez, se pasó a la flaquita que no implicara nada que llamara a la maternidad. A esto se agregaron hambrunas provocadas, guerras localizados al viejo estilo, pestes sembradas como el mal de Ébola, la gripe aviar o el sida, más los planes de reducción y control de la natalidad, forzados en muchos casos y la eliminación física por la marginación, el vandalismo y las drogas. Es decir, las personas sobrantes, las que no consumían, debían ser descartadas, es decir eliminadas.

El bien común: “El todo es superior a las partes”

El papa Francisco, yendo a contracorriente de los poderosos, promoviendo la solidaridad y el respeto a las culturas en un mundo “poliédrico”, viene manifestando entre sus cuatro principios para orientar la convivencia social, aquel que dice que “El todo es superior a las partes”, mientras que, en muchos sentidos, los medios de comunicación, manejados por los intereses concentrados, ridiculizan estas posiciones des-calificando al pontífice como “populista”, cuando en realidad sus manifestaciones forman parte del centro del Magisterio permanente del pensamiento de la Iglesia.
Solo a título de ejemplo de un ideario solidario y fraterno, recordar la Segunda Carta del apóstol San Pablo a los Corintios cuando dice: “No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes.”
Por otra parte, el Compendio de la DSI destaca que “El bien común no consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada sujeto del cuerpo social. Siendo de todos y cada uno permanece común, porque es indivisible y porque solo juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo”, agregando más adelante que ninguno está exento de colaborar para conseguirlo.
En el mismo sentido Francisco destaca que “Cuando el bien común es forzado para estar al servicio del lucro, y el capital la única ganancia posible, eso tiene un nombre, se llama exclusión, y así se va consolidando la cultura del descarte”. (2)

El bien común y la cosa pública: “La política”

En el marco antes descripto, lógicamente la organización autónoma de una política de los pueblos es denigrada y se desarrollan en todo el mundo campañas anti-política, para que los lugares de decisión sean ocupados por figuras de la farándula mediática, los que expresan los intereses de los grupos concentrados de la economía o las finanzas, o directamente por los mismos dueños o gerentes de estos grupos.
Por el contrario, para el catecismo de la Iglesia: “la realización más completa de este bien común se verifica en la comunidad política. Corresponde al Estado defender y promover el bien común de la sociedad civil, de los ciudadanos y de las instituciones intermedias».(3)
Por otra parte, citando a Gaudium et spes agrega: «…corresponde a la autoridad decidir, en nombre del bien común, entre los diversos intereses particulares; pero debe facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana:alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho de fundar una familia, etc. (cf GS 26, 2)”. (4)
El mismo documento destaca que …se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que se pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas, según la vocación personal de cada uno”. (GS), agregando luego “Los cristianos todos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común”(5)
Por último, recordemos a Juan XXIII, que manifestaba que strong>“cuando falta una acción apropiada de los poderes públicos en lo económico, lo político o lo cultural, se produce entre los ciudadanos, sobre todo en nuestra época, un mayor número de desigualdades en sectores cada vez más amplios, resultando así que los derechos y deberes de la persona humana carecen de toda eficacia práctica”. (6)
En el mismo sentido el papa Francisco afirma “Quiero llamar a todos los cristianos, en particular a los pastores, a renovar el impulso misionero, a tomar la iniciativa frente a tantas injusticias, a involucrarse con los problemas de los vecinos a acompañarlos en sus luchas”. (7)
En consecuencia, queda en claro que el bien común no es el libre juego de las fuerzas del mercado, ni mucho menos la libertad de comercio, tampoco el desinterés por la cosa pública, sino que la defensa del bien común es para todos y cada uno de los cristianos la obligación de “tomar la iniciativa frente a las injusticias y acompañarlos en sus luchas”.
Resuenan las palabras de Caín preguntándole al Señor: ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano» y también la respuesta de Jesús a ese cuestionamiento: “Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”
Nada más en coherencia con el Magisterio de la Iglesia si recordamos a Santo Tomas de Aquino cuando afirma que “La noción de bien común asume la realidad del bien personal y la realidad del proyecto social en la medida en que las dos realidades forman una unidad de convergencia: la comunidad.El bien común es el bien de la comunidad».

El pueblo

En consecuencia, resulta de sentido común que, para la inmensa mayoría de los hombres, es decir que para “el pueblo” existe la perfecta convicción de que “nadie se salva solo” en coincidencia con lo que afirma Francisco en esta encíclica.
Es decir, los pueblos saben que nadie puede realizarse al margen de los destinos del conjunto de la comunidad a la que se pertenece y en consecuencia trabajan naturalmente para la construcción del bien común. Frente a ellos existe una minoría que, como afirma el papa Francisco, “disfrazan de racionalidad lo que son solo intereses particulares”.
En el mismo sentido, por ejemplo, el documento de Puebla manifestó que … toda convivencia humana tiene que fundarse en el bien común… lo cual exige no instrumentalizar a unos en favor de otros y estar dispuestos a sacrificar aún intereses particulares”.(8)
O sea que, ante el pueblo que construye el bien común, aparece una pequeña minoría que privilegia los mencionados intereses particulares frente a los del bien del conjunto, es decir, se enfrentan al pueblo, convirtiéndose en el anti-pueblo o – como lo calificaban los griegos – en “la oligarquía”.
No le damos a este término un sentido económico, sino que por el contrario consideramos que la oligarquía es una enfermedad del alma de los hombres que les impide ser solidarios.

La desesperanza

Todos los manuales de guerra psicológica comienzan planteando la necesidad de debilitar la moral del adversario, hacerle perder su cohesión social y abatir totalmente su autoestima como medio para dominarlo.
También sabemos que los medios de in-comunicación han exaltado el individualismo a ultranza – como plantea la encíclica – haciendo culto del “sálvese quien pueda” y considerando a la solidaridad como una mala palabra. Se ensalza una supuesta “meritocracia” de aquellos que teóricamente “se hicieron solos” y que no necesitaron, ni necesitan, de una comunidad que los sostenga.
Yo vivo en lo que se denomina en Argentina, el conurbano de la provincia de Bs. As., cerca del límite del llamado Camino de Cintura, el que divide el primer del segundo cordón del conurbano y acostumbro decir que la meritocracia que conozco es la “meritocracia de la suerte” (en realidad utilizo un término mucho menos académico). Están los que han tenido el “mérito” de haber nacido de un lado de esa ruta provincial y los que han tenido el “demérito” de hacerlo traspasando la misma. De un lado vive la clase media-media y clase media-baja (y en otros lugares del mismo camino, hacia al norte de donde vivo, la clase media alta o directamente alta), mientras que, de otro lado, la geografía comienza con barrios obreros y termina en lo que eufemísticamente se denominan “barrios de emergencia”, para no calificarlos como corresponde, es decir “villas miseria” (o “favelas” de las más miserables, como podrían decir nuestros hermanos brasileros).
Este es el único mérito, unos tuvieron la posibilidad de una determinada educación y sistema de relaciones y otros, destruida la educación pública, luego de la implantación a sangre y fuego por la dictadura de los ideales del liberalismo, obligados a tener que ir a escuelas pobrísimas, en comunidades donde la desocupación estructural ya lleva tres generaciones y donde la marginación, el olvido y la falta de presencia del Estado, ha dejado que el narcotráfico ocupe el lugar de este Estado ausente, estos tuvieron otras posibilidades muy distintas en la “línea de largada” de la vida.
En este punto debo destacar el crecimiento del trabajo de los denominados “curas villeros”, es decir sacerdotes que viven en estas villas miseria, donde han comenzado a construir “islotes de comunidades organizadas” que cambian la realidad de quienes habitan en sus radios de influencia, reapareciendo en los mismos, la solidaridad, la autovaloración de sus tradiciones y la religiosidad popular. Pero fuera de estos “islotes” viven allí los descartados de la economía, la cultura, el sindicalismo e inclusive de la propia Iglesia.
Además – como afirma el papa Francisco en esta encíclica – y completando un panorama realmente desolador, aquí se aprecia el resultado de “sistemas de salud desmantelados año tras año”.

Pero lo cierto es que, en los otros sectores económicamente más poderosos de la sociedad, los medios han impulsado un individualismo que ha destruido el tejido social, aislando a los hombres de su comunidad, perdiendo la pertenencia a núcleo social alguno. Nos referimos a este tema más adelante.
Esta “soledad” es una manifestación de pérdida de los valores, de la negación de la realidad, de convertir la miseria de los marginados en algo invisible.
Francisco manifiesta: “Con respecto a las crisis que llevan a la muerte a millones de niños, reducidos ya a esqueletos humanos — a causa de la pobreza y del hambre —, reina un silencio internacional inaceptable». (9)
Simplemente para citar un dato, que confirma lo planteado por el papa Francisco en su mensaje a los Movimientos Populares (16/10/21), Oxfan (una organización internacional con sede en Gran Bretaña, que estudia el problema de la pobreza), destaca en su informe del 9 de julio último, que mientras en el mundo 11 personas mueren de hambre por minuto, la tasa de muerte por la pandemia en ese momento era de 7 por minuto. Y yo destaco que para la pandemia apareció la vacuna, mientras que, para los descartados, los poderosos de la tierra se niegan a hacer algo a su favor, sino todo lo contrario.
No es un papa “populista” quien los condena, sino san Basilio que denuncia que “Cuando alguien roba los vestidos de un hombre, decimos que es un ladrón. ¿No debemos dar el mismo nombre a quien pudiendo vestir al desnudo no lo hace? El pan que hay en tu despensa pertenece al hambriento; el abrigo que cuelga, sin usar, en tu guardarropa pertenece a quien lo necesita; los zapatos que se están estropeando en tu armario pertenecen al descalzo; el dinero que tú acumulas pertenece a los pobres”. (10)

El colonialismo económico y cultural

Pero en los países de nuestro continente americano, no puede analizarse esta situación separada del colonialismo económico y también – y muy especialmente – del cultural, el que ha crecido desmesuradamente con el proceso de la globalización.
En este sentido afirma Francisco: “El nuevo colonialismo adopta diversas fachadas. A veces, es el poder anónimo del ídolo dinero: corporaciones, prestamistas, algunos tratados denominados «de libre comercio» y la imposición de medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y los pobres”. (11)
En esta encíclica destaca que: “Abrirse al mundo» es una expresión que hoy ha sido cooptada por la economía y las finanzas. Se refiere exclusivamente a la apertura a los intereses extranjeros o a la libertad de los poderes económicos para invertir sin trabas ni complicaciones en todos los países. Los conflictos locales y el desinterés por el bien común son instrumentalizados por la economía global para imponer un modelo cultural único.” (12)
Agregando luego que “Esta cultura unifica al mundo, pero divide a las personas y a las naciones, porque «la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos». Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia. Hay más bien mercados, donde las personas cumplen roles de consumidores o de espectadores. El avance de este globalismo favorece normalmente la identidad de los más fuertes que se protegen a sí mismos, pero procura licuar las identidades de las regiones más débiles y pobres, haciéndolas más vulnerables y dependientes. De este modo la política se vuelve cada vez más frágil frente a los poderes económicos transnacionales que aplican el “divide y reinarás”. (13)

Cortar raíces

Todos sabemos desde la biología hasta la sociología, que cuando más profundas y robustas sean las raíces, más fuertes serán las plantas o las comunidades, por lo que cuidarlas es una tarea central.
En coincidencia con esta sabiduría el papa resalta su recomendación a los jóvenes, en el sentido de que si una persona les dice que desprecien su pasado comprendan si “¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que ella les dice? Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que sólo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes. Así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen —o de-construyen— todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones. Para esto necesitan jóvenes que desprecien la historia, que rechacen la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoren todo lo que los ha precedido”. (14)

Ampliando el concepto destaca que “Algunos países exitosos desde el punto de vista económico son presentados como modelos culturales para los países poco desarrollados, en lugar de procurar que cada uno crezca con su estilo propio, para que desarrolle sus capacidades de innovar desde los valores de su cultura. Esta nostalgia superficial y triste, que lleva a copiar y comprar en lugar de crear, da espacio a una autoestima nacional muy baja. En los sectores acomodados de muchos países pobres, y a veces en quienes han logrado salir de la pobreza, se advierte la incapacidad de aceptar características y procesos propios, cayendo en un menosprecio de la propia identidad cultural como si fuera la única causa de los males”.(15)
De esta manera se desarticulan las sociedades y se destruyen las comunidades, alentando migraciones hacia determinados “paraísos terrenales”, donde los hombres y mujeres – en una gran cantidad de casos – son sometidos a situaciones de explotación, mientras que otros – en sus propios países – llegan a despreciar su cultura, tradiciones e inclusive a su propia patria. Lo justo y deseable es que cada persona pueda desarrollarse en su comunidad, con su familia, sus afectos y sus tradiciones.
Así mismo destaca Francisco que: “Destrozar la autoestima de alguien es una manera fácil de dominarlo. Detrás de estas tendencias que buscan homogeneizar el mundo, afloran intereses de poder que se benefician del bajo aprecio de sí, al tiempo que, a través de los medios y de las redes se intenta crear una nueva cultura al servicio de los más poderosos. Esto es aprovechado por el ventajismo de la especulación financiera y la expoliación, donde los pobres son los que siempre pierden. Por otra parte, ignorar la cultura de un pueblo hace que muchos líderes políticos no logren implementar un proyecto eficiente que pueda ser libremente asumido y sostenido en el tiempo.” (16)

“Se olvida – continúa – que “no existe peor alienación que experimentar que no se tienen raíces, que no se pertenece a nadie. Una tierra será fecunda, un pueblo dará fruto, y podrá engendrar el día de mañana sólo en la medida que genere relaciones de pertenencia entre sus miembros, que cree lazos de integración entre las generaciones y las distintas comunidades que la conforman; y también en la medida que rompa los círculos que aturden los sentidos alejándonos cada vez más los unos de los otros”. (17)
En el mismo sentido el papa considera como un retroceso las dificultades y la retracción en el proceso de unidad continental que destacó muy especialmente el documento de Aparecida, en coherencia con lo manifestado en las 3 conferencias episcopales anteriores.

La comunidad de pertenencia

De la misma manera manifiesta que “Si no logramos recuperar la pasión compartida por una comunidad de pertenencia y de solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes, la ilusión global que nos engaña se caerá ruinosamente y dejará a muchos a merced de la náusea y el vacío. Además, no se debería ignorar ingenuamente que «la obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando sólo unos pocos puedan sostenerlo, sólo podrá provocar violencia y destrucción recíproca». El “sálvese quien pueda” se traducirá rápidamente en el “todos contra todos”, y eso será peor que una pandemia”. (18)
Queda en claro que en la sociedad en que vivimos, solo muy pocas personas, con mucho poder, son las que salen beneficiadas de esta ideología que dice que cada uno puede “hacer la suya”, la inmensa mayoría de los seres humanos no puede (ni quiere) desentenderse del mundo que lo rodea, en particular sobrevivir aisladamente frente a los poderes concentrados.

Sembrar la desesperanza

Nada más esclarecedor que continuar con las mismas expresiones de la encíclica cuando manifiesta que “La mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores. Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos. No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte”. (19)

El miedo

Destacábamos antes que un elemento fundamental de la guerra psicológica es desalentar y hacer temer a quienes se pretende dominar. Dice Francisco: “Al miedo se lo alimenta, se lo manipula… Porque el miedo, (…) nos debilita, nos desequilibra, destruye nuestras defensas psicológicas y espirituales, nos anestesia frente al sufrimiento ajeno y al final nos hace crueles. Cuando escuchamos que se festeja la muerte de un joven que tal vez erró el camino, cuando vemos que se prefiere la guerra a la paz, cuando vemos que se generaliza la xenofobia, cuando constatamos que ganan terreno las propuestas intolerantes; detrás de esa crueldad que parece masificarse está el frío aliento del miedo”. (20)

“Las ideologías pierden pudor”

Cuando hablábamos del golpe de estado planetario y del nuevo discurso dominante nos referíamos al plan de “deconstrucción” cultural del que habla el papa. En esta encíclica avanza sobre el tema, manifestando que: “La agresividad social encuentra en los dispositivos móviles y ordenadores un espacio de ampliación sin igual”. (21) Agregando a renglón seguido que: “Ello ha permitido que las ideologías pierdan todo pudor. Lo que hasta hace pocos años no podía ser dicho por alguien sin el riesgo de perder el respeto de todo el mundo, hoy puede ser expresado con toda crudeza aun por algunas autoridades políticas y permanecer impune. No cabe ignorar que «en el mundo digital están en juego ingentes intereses económicos, capaces de realizar formas de control tan sutiles como invasivas, creando mecanismos de manipulación de las conciencias y del proceso democrático”. (22)
En ese sentido la xenofobia, el racismo, las manifestaciones antivacunas, los nacionalismos reaccionarios, los fanatismos que exacerban el individualismo disfrazado de una supuesta libertad que nos lleva inexorablemente, como afirma Francisco, a la guerra de todos contra todos, tanto contra los hombres como contra la Madre Tierra, al negar el calentamiento global y el cambio climático, son una prueba palmaria de esta afirmación.
Al respecto manifiesta el papa Francisco “Este sistema con su lógica implacable de ganancia está escapando a todo dominio humano. Es hora de frenar la locomotora, una locomotora descontrolada que nos está llevando al abismo. Todavía estamos a tiempo”. (23)

Los grandes ideales

El Papa Francisco reunido con los Movimientos Populares. Foto: vida nueva.
Se podrá afirmar que Francisco es un profeta que clama en el desierto, pero muchas veces en la historia estas profecías llevaron a hacer reaccionar a los pueblos. Frente a un mundo donde los poderosos nos conducen al desastre planetario, la prédica de Francisco hace que hoy los gobernantes de la tierra, comiencen a pensar en frenar a las multinacionales, terminar con las guaridas fiscales donde se refugia el dinero del narcotráfico y del crimen organizado, sostenido por los grandes grupos económicos. A pesar de la lentitud de las acciones, el actual debate en el G-20 llevó a los dirigentes de los países más poderosos a reconocer que nos encaminamos a un desastre planetario.
Por último, destaquemos que, en su mensaje a los Movimientos Populares, el 16 de octubre último, Francisco plantea la necesidad de que: Los gobiernos garanticen “Tierra, Techo y Trabajo” para todos.
– Que los grupos financieros y los organismos internacionales de crédito, condonen las deudas contraídas, muchas veces contra los intereses de los mismos pueblos que las tienen que pagar.
– Que las corporaciones monopólicas de alimentos dejen de “inflar” los precios.
– Que los países poderosos cesen las agresiones, bloqueos y sanciones unilaterales contra cualquier país de la tierra.
– Que se libere el acceso a internet para el uso educativo.
– Que se establezca un ingreso básico universal para que todas las personas puedan acceder a los bienes más a elementales para su vida.
– Que se reduzca la jornada laboral con el mantenimiento de los salarios para generar más puestos de trabajo.
Mientras tanto los pueblos son conscientes del cuidado de la madre tierra, de la necesidad de recuperar sus tradiciones, incluida la religiosidad popular, de manifestar como afirma Francisco la necesidad de abrirse a los grandes ideales que hacen la vida más bella y digna y tal como él nos insta a Caminar con esperanza, nos insta a soñar. “Los sueños son siempre peligrosos para aquellos que defienden el statu quo porque cuestionan la parálisis que el egoísmo del fuerte o el conformismo del débil quieren imponer”, afirma el papa.
(24)

“El acto es superior a la idea”: La voz del pueblo

En marzo de este año el papa Francisco en comunicación dirigida a la Red “Generación Francisco” de Argentina, manifestó críticamente que “…tantas veces estamos acostumbrados a tomar decisiones sin consultar al pueblo. Algunas decisiones trascendentes, sea para la vida parroquial, cuando el párroco no consulta al pueblo; sea en la vida provincial, cuando el gobernador no consulta al pueblo; sea en la diócesis, cuando el obispo no consulta al pueblo; sea en la nación, cuando las autoridades no consultan al pueblo, incluso para leyes importantes y discutidas respecto de la moralidad. Y el pueblo es el gran ausente”.

Agregando “Los gobiernos no son soberanos siempre, son delegados del pueblo. La autoridad les viene de Dios a través del pueblo. Los gobiernos, hablando sin ofender, incluso yo como gobernante, somos oficinistas de lo que Dios nos manda a través de lo que nos delega. Cuando falta la consulta al pueblo, falta soberanía.” … “no se olviden: nunca uno se equivoca si consulta al pueblo, en el orden civil siempre y nunca uno se equivoca si consulta al santo pueblo fiel de Dios en la Iglesia. En los términos teológicos lo llaman sinodalidad, tendrá muchos nombres, pero es el santo pueblo fiel de Dios que lleva adelante la fe y la lleva en su dialecto propio.”

La claridad y firmeza de estas afirmaciones nos hizo pensar seriamente en la situación en que vivimos y que hemos descripto hoy y la relación con estas manifestaciones. Mientras los poderosos de la tierra avanzan en la capacidad de reunir arbitrariamente las decisiones, manipulando al pueblo o simplemente desconociendo su autoridad, el papa Francisco recordaba que la “voz del pueblo era la voz de Dios” y que sin consulta al pueblo no había soberanía, es decir que las decisiones tomadas de esa manera eran ilegitimas.
Una vez más el papa se manifestaba contracorriente y reclama a lo interno de la Iglesia y en el ámbito político de los países y el mundo todo, la jerarquía del pueblo. No hay democracia legítima sin consultar al pueblo, especialmente en las grandes decisiones, o sea, no reduce la consulta a una elección cada “x” cantidad de años, sino que siempre que haya algo que tenga importancia se debe consultar al pueblo.
Pero como “el acto es superior a la idea”, decidió avanzar a lo interno de la Iglesia, sometiendo a todas sus autoridades, e incluso a él mismo, a la obligación de escuchar la voz del pueblo.

Asambleas del Pueblo de Dios. Imagen: hermanosol.org.
Son de dominio público las presiones e inclusive complots que están en curso, hoy algunos sectores exigen someter todo a una tradición, varias veces centenaria pero no de origen evangélico e impuesta por pocos con injerencia de los poderes terrenales, sin considerar las necesidades del pueblo de Dios ni en aquellos ni en estos tiempos. Mientras tanto, otros proponen forzar cambios importantes mediante un simple decreto del Sumo Pontífice.
Francisco les responde a todos con los hechos. La Iglesia debe vivir un tiempo de “sinodalidad” y convoca a todos a un sínodo, pero no solo a la jerarquía eclesiástica, no solo a los laicos que podríamos denominar “oficiales”, miembros de movimientos o grupos internos de la Iglesia, sino que decide convocar al Pueblo Santo Fiel de Dios.Y ¿Quién es el pueblo fiel?, el mismo Francisco lo manifiesta, son todos los bautizados, todos están llamados a participar con su opinión sobre la Iglesia que necesitamos y como debe “aggiornarse” frente al mundo en que vivimos, desarrollando un “camino sinodal”, un profundo diálogo entre el pueblo y sus pastores, recordado que este camino significa el discernimiento y la búsqueda de la voluntad de Dios, no a título personal, sino como comunidad.
Y este hecho que podríamos calificar como “revolucionario” no es otro que el redescubrimiento de la colegialidad y la sinodalidad de los primeros tiempos y de las primeras comunidades cristianas.
Es decir, hace falta una conversión (o reconversión) pastoral y misionera, desde el corazón del Evangelio como manifiesta en Evangelii gaudium, para transformarnos en una comunidad evangelizadora que expresa una Iglesia en salida, que busca, consulta y escucha a todo el pueblo fiel, para “caminar y sembrar siempre de nuevo” (EG).
Por eso ubica a los pastores hoy adelante señalando el camino, mañana detrás alentando a los rezagados, siempre en el medio para cuidar la esperanza y escuchar la voz de Dios.
Recuerda de esta manera que el pueblo es santo e infalible “in credendo” y que la Providencia ha dotado a todo el pueblo santo fiel de Dios de un “sensus fidei”, instinto de la fe iluminado por el Espíritu, que nos ayuda a discernir en comunidad la verdadera voluntad del Padre. O sea, la Iglesia debe caminar con la participación de todos los bautizados, ocupen el lugar que ocupen y con el conocimiento teológico o doctrinal que tengan, recordando una vez más que “el camino sinodal comienza escuchando al pueblo” en lo que significa una fuerte apuesta a la acción del Espíritu.
De esta manera la Iglesia sinodal se transforma en una “pirámide invertida” cuya vocación debe ser la de servir al pueblo.
Pero lo más importante es que esta sinodalidad no es solo para las cuestiones ad-intra de la Iglesia, sino que forma parte de la relación de la Iglesia con el mundo en un sueño misionero de llegar a todos (EG 31).
De esta manera y con esta actitud interpela al mundo de la política y de los gobernantes, impulsándolos a que aprendan a escuchar la voz del pueblo como medio de construir una comunidad local, nacional y mundial, fraterna y al servicio del bien común, la solidaridad y el cuidado de la casa común.
Esta es la verdadera actitud revolucionaria con que Francisco enfrenta a esta globalización proponiéndonos a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad, para hacer un mundo más justo y solidario. Es responsabilidad de todos que esto sea posible.

1 Papa Francisco a los Movimientos Populares, 16/10/21.
2 Papa Francisco. Ciudad Juárez, México, 17/2/16.
3 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1910.
4 Ibídem, n. 1908.
5 Gaudium et spes, n. 75.
6 Pacem in terris, n. 63.
7 Papa Francisco, Nairobi (Kenia), 27/11/15.
8 Documento de Puebla, CELAM, 317.
9 Papa Francisco. Emiratos Árabes, 4/2/19.
10 San Basilio el Grande; Homilía “Destruiré mis graneros”.
11 Papa Francisco. Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 9/9/15.
12 Papa Francisco, Fratelli tutti, n. 12, 3/10/20.
13 Papa Francisco, Fratelli tutti, n. 12, 3/10/20.
14 Ibídem, n. 13.
15 Ibídem, n 51.
16 Ibídem, n 52.
17 Ibídem, n. 53.
18 Ibídem, n. 36.
19 Ibídem, n. 15.
20 Papa Francisco a los Movimientos Populares, 16/10/21.
21 Ibídem, n. 44.
22 Ibídem, n. 5.
23 Francisco a los Movimientos Populares, 16/10/21.
24 Francisco a los Movimientos Populares, 16/10/21.

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